lunes, 30 de abril de 2007

ZOE VIVE EN EL ESPIRITU CHALERO



ZOE VIVE EN EL ESPIRITU CHALERO
(Relato de vida con Chala Rasta)
-publicado en el libro "Hombre de Barro"-


Aquella primavera del 2006 no había sido una primavera más en mi vida.
Por esos días, mis sábados consistían en ir a la pileta a hacer mi limitada actividad física semanal y pasear en familia. Nunca dejaba de pasar por el video club de mi barrio antes de regresar a casa, con el fin de alquilar una película que me hiciera más llevadero el desvelo del sábado a al noche.
Había que tener coraje para entrar a ese video club. El mismo era atendido por dos pibes (no tan pibes) que adoraban esa música marchosa que jamás entenderé. Alquilar una película debía ser un trámite que se llevara a cabo en apenas unos minutos, ya que el malestar de mis pobres oídos me obligaban a escapar del mismo con la velocidad de un rayo con mi entretenimiento nocturno a cuestas.
Una soleada tarde de septiembre se produjo un punto de inflexión en mi melómana vida. Esos muchachos "marchosos" no estaban en el video y en su lugar había un pibe retacón que mostraba una envidiable tranquilidad típica de un moje budista. Tal vez ese pibe nunca se entere lo importante que él fue en mi vida. Aclaremos: No fue él en sí mismo tan importante, sino lo que el provocó en mi vida desde ese mismo instante.
Ya no se sentía en ese video club esos estruendosos sonidos extraños. El reggae se había adueñado del lugar. El DJ de turno no sabía de marchas, ni de música disco ni de reggaetón ni nada que se le parezca. Sólo se estimulaba con el reggae. Y no con cualquier reggae, sino con un reggae cantado en nuestra lengua nativa que, quien suscribe, desconocía por completo.
- Hola flaco, por fin música como la gente - le dije - menos mal que no están los marchosos. ¿Qué es esto? - pregunté, dejando de lado el objetivo principal de mi visita que no era más que alquilar una película para pasar el rato.
- CHALA RASTA - me dijo - ¿no los conocés?.
- No – dije, y allí empezó mi nuevo amigo, el petiso a contarme.
- Es una banda de Temperley que tiene 5 CDs editados y que una vez tuvieron la desgracia de haber perdido todos sus instrumentos en un incendio - Y que esto, y que el otro.
- Escuchá que te hago zapping de las canciones - me dijo. Y allí comenzó a sonar 7º Hijo, No te vayas, Cuerpo, El ska...todo el CD 7º Hijo pasó por mis oídos. ¿Qué importaba a esa altura que película me llevaría?. Absolutamente nada. Manoteé la primera que encontré y marché para la disquería a buscar mi "7º Hijo".
No lo conseguí. Estaba agotado.
- No hay problema, dame Gondwana - le dije al vendedor. Y allí me llevé a mi casa "Africa", "Nube Negra", "Ya lloré". Nada tenía que envidiarle a ese disco agotado.
Días después comenzó mi rotation por disquerías, buscando todo lo que tuviera en su tapa el nombre Chala Rasta y con un simpático gnomo vestido con los colores rastafari que ya había penetrado en mi retina. Así es como fui conociendo a los hijos del sol, a las brujas cazadas y a los cinturones vacíos pero llenos de cobardía. Nada fue casual mi encuentro con Chala.
De a poco esta histórica banda totalmente desconocida por mí hasta entonces se fue metiendo en mi vida sin pedir permiso.
Ya no era cuestión de tener toda su discografía completa, sino de escucharlos una y otra vez, pensando en su música, analizando su poesía, dejándome llevar por su magia.
Zoe había llegado a nuestra casa dos años antes. Era una pequeña niña que vino al mundo a sufrir. Sus limitaciones físicas y de madurez hicieron de ella una visitante asidua a hospitales, consultorios médicos, enfermeros y todo lo que huela a alcohol de hospital. La estuvo luchando mucho, la peleó, pero un día llegó esa visita inesperada que te arrebata de cuajo todo el amor que un hijo te puede brindar, quienes tuvieron alguna vez un hijo saben de lo que hablo. Zoe se fue físicamente de este mundo cruel, sin poder saltar, sin poder jugar, sin poder vivir como cualquier niño merece.
Ese fin del 2006 y principios del 2007 fueron días crueles. Zoe sintió el desprecio de las miserias humanas que no quisieron acompañarla cuando vivía y tampoco cuando se marchaba. ¿Qué abuela puede abandonar a un hijo cuando éste pierde a su retoño?. ¿Qué hermano o hermana que se digne de tal puede estar ausente en esa pesadilla?. Créanme que hay gente que sí, que te abandona cuando más los necesitás.
Pero allí estaba Chala diciéndome que "nunca abandones a un hermano herido" y que “el sol sale otra vez...pero no sale como ayer".
Ese vacío filial en el peor momento de mi vida fue apaciguado por Chala "en el camino de la vida...está la esquina del adiós...voy cicatrizando heridas, compadreando el dolor, el dolor". No hubo canción más hermosa ni frase tan exacta para levantarme y tratar de salir a flote.
Nada en la vida se asemeja a la pérdida de un hijo, pero si además no hay nadie físicamente a tu lado, la cosa empeora. Así viví aquel enero. Por respeto a la mamá de Zoe que no quería visitas, nadie pudo estar a mi lado. No hubo una madre que me besara ni un hermano que me abrazara. Mi padre habrá recibido a su nieta en el más allá. Los respetuosos amigos estaban a la distancia por pedido propio. Y allí caí en la cuenta que la soledad en el dolor clava los puñales donde más duele.
Pero no todo fue abandono: la música de Chala sonaba todo el tiempo en mi mente y mi corazón. Chala me rescató de la depresión y de la locura. Fue mi hermano omnipresente en esos fatídicos días.
“El camino de la vida” no fue una canción cualquiera para mí. Fue la canción que me hizo ver en el infierno, que valía la pena vivir.
No dudé ni un minuto en buscar contactar a la banda. Allí es donde aparece un amigo del alma, esa gente a la que uno no conoce personalmente sino a través de un correo electrónico y desde el primer instante, se abre y muestra su corazón. Ese amigo, Daniel Fernández, era (y sigue siendo) el representante de prensa de la banda y es a quien le escribí para contarle mi historia.
Poco tardó Dany en decirme que Christian quería dedicarle ese camino de la vida a Zoe en su próximo recital de Auditorio Sur por Abril del 2007. Allí estuvimos y allí sellamos definitivamente los códigos de afecto y hermandad que me unen con la banda.
Christian, desde ese inmenso escenario y con un Auditorio lleno de chaleros, comenzó diciendo algo así como que: - Pocas veces más justa que ésta. ¿Qué más importa cuando se acerca gente como se acercan muchas veces ustedes y nos piden especialmente por algún acontecimiento una canción?. Y ésta les juro, les juro que vale la pena… va para que… va para que la escuche Zoe… sea… sea que sea donde esté… seguro que no lejos de este lugar – Joder, como para no emocionarme.
Nunca palabras más cariñosas y ciertas. Zoe volvió del más allá unos minutos para vivir esa fiesta, ese interminable momento que se eternizó en el camino de la vida, esa canción que ya no le pertenece a la banda, sino que también es de Zoe, es mía y de todos ustedes, que saben de qué hablo por el sólo hecho de ser parte de la Familia Chalera.
Christian buscándome desde el escenario entre la multitud (¡y encontrándome!), su bella novia queriéndome conocer, Dany dándome el abrazo de hermano que pocos supieron darme. Hicieron de aquel recital uno de los momentos más maravillosos de mi historia con la música. - conmigo...cuenta conmigo...estoy donde quieras...allá va mi corazón.
¿Podrá haber acaso códigos más fraternos entre una banda y su gente?.
¿En qué ojos buscarías la luna si debieras hallarla?.
Yo en ella, en Zoe, aunque día a día los puedo seguir viendo en los hermosos ojos de su hermanita Macarena, quien adora a Chala como los adoro yo.

Sebastián López Brusa - La Plata (Buenos Aires)


Aquí pueden ver el video de "El camino de la vida" (dedicado a Zoe)

(VIDEO DE YOUTUBE)
El camino de la vida
(Auditorio Sur - Reencuentro 2007 - 20/04/2007)



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