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CHALA
RASTA, la banda de Temperley, representante del latín reggae, está
haciendo su décima gira por las playas de la costa, la que comenzó el 10
de enero, y culminará el 21 de febrero. Como todos los veranos, fueron la
banda más convocante en las arenas de San Bernardo.
Playa, sol,
mucho calor. Tarde del Sábado 7 de febrero en San Bernardo. Algunos
vacacionantes se refrescan en el mar, otros hacen rondas de mates. Los
chicos del grupo de ska ESCUADRÓN Q y los reggae CHALA RASTA los miran
desde lejos, sin envidias; mientras descargan sus equipos para copar el
playón municipal. Un playón municipal que fue testigo de un desfile
inagotable de bandas en la segunda quincena de enero, donde tocaba el
primero en llegar. Hoy, no hay tal carrera. La caravana del "desde abajo"
ya pasó. Los 1001 camiones y fletes que se paseaban en esos días por la
costanera, desbordando ganas de "hacerse la playa", se perdieron por las
mismas rutas que los trajeron. Ahora, son pocos los que se le atreven
a febrero. CHALA RASTA y ESCUADRÓN Q cruzan palabras, y planean juntos
cómo colgarse de la luz. Pero alguien les corta la inspiración. Asoma la
policía por el lugar, y ellos, deciden solos, irse a otro lado con su
música. El playón quedó desierto. Entonces, vuelve a pesar febrero en los
oídos, gracias a aquellos "servidores de la comunidad".
Deja vu Enero: martes 27/1. CHRISTIAN GORDILLO, cantante, mentor, alma
y vida de CHALA RASTA trata de convencer a dos policías para que los
autoricen a tocar en el playón. Los uniformes permanecen inmóviles,
mientras el hombre de la gorra de red, se desarma en sordas tratativas. No
hay tutía. Pero el amor es más fuerte. Hace trece años que existe
CHALA RASTA, y una decena que encienden amores que matan en las playas de
San Bernardo. Y como "los amores que matan nunca mueren", no van a dejarse
morir en esa negativa. Siempre se puede si hay ganas. Dos horas más
tarde, el bajista pasará por ese mismo lugar, enarbolando la bandera
africana, esa que indica que CHALA RASTA está a punto de sonar, en algún
lugar. "No quedan palabras que yo pueda entender, ninguna razón de que
la magia no exista", afirma CHRISTIAN GORDILLO en "Magia", desde un
insólito rincón de la playa, resguardado del viento costero, con el mar y
la gente como únicos testigos. El público allí presente adhiere a lo dicho
por el cantor. "Existe la magia", en esa especie de improvisado fogón, sin
fuego pero con una hoguera prendida por reggaes bien argentinos,
comprometidos, desnutridos de esperanzas, dolidos, sentidos; en medio de
una luna que empieza a salir, reflejándose en el mar. "Ya que estamos
al lado del mar, hace "Cerca del río", pide uno por ahí. Lo pedís, lo
tenés. "Susurros de amor de un hombre cualquiera hacia una mujer
cualquiera, al lado de un río, en este caso el mar", presenta Cristián a
esta balada/reggae.
CHALA
RASTA es justo eso, paisaje perfecto. Es reggae nostálgico, con sonidos
nacidos por el "Africa", pero con letras que bien podrían ser tangos
perfectos de la modernidad, cuadros de la Argentina hechos poesía.
Compromiso con los olvidados. En "Lucero" se acuerdan de "los que en
Avellaneda han resistido con las alas de Maxi y de Darío", o en "Libre
para qué" reflexionan: "si tenés la libertad de no dejarte explotar,
elegís criticar al obrero que corta la ruta por no poder más". Tampoco
se olvidan de la matanza de indios en "Nube negra". Trazando un paralelo,
Cristián dice: "Ayer vinieron con barcos a decir que eran los dueños de la
tierra; hoy hubo reminiscencias de esos colonialistas en los seres que
vinieron en sus camionetas, creyéndose los dueños de estas playas, con
derecho a echarnos. Si no fuera por ellos, no estaríamos acá a esta hora,
disfrutando este momento". Todas las almas y sombras habitantes de la
playa se pararon, bailaron, y apagaron el fogón gritando con todas las
fuerzas el último reggae que fue dedicado a la policía: "Cinturón vacío".
"Gracias por ayudarnos a resistir con la playa llena" fueron las últimas
palabras dichas, salidas de la emoción.
Volver al futuro Regreso al 7 de
febrero. Los nueve músicos que forman la banda (dos vientos, bajo, viola,
batería, dos percusionistas, teclados + 1 hombre/banda, portador de LA VOZ
CANTANTE), están agotados. A esta altura ya sienten el ritmo de tocar
todos los miércoles en el teatro Prix de Mar de ajo, de ir y venir de San
Bernardo a Santa Teresita (donde paran), de buscar lugares, fechas, y
encima tener que soportar que la policía u otros les frustren tocadas.
"Una de las últimas noches de enero íbamos a tocar en un bar y los vecinos
con cacerolas, salieron a la calle para que no toquemos, y el dueño nos
tuvo que rajar. Al final, terminamos tocando a las seis de la mañana en la
plaza", cuenta el nuevo guitarrista, JUAN CRUZ. "Yo hace un mes que estoy
tocando la viola para CHALA. De causalidad, estaba viendo los clasificados
de SEGUNDA MANO y ví un aviso que CHALA buscaba primera guitarra para la
gira por la costa. CRISTIÁN me tomó la prueba, y quedé. Es loco, me entere
por SEGUNDA MANO de lo que quise hacer toda mi vida", confiesa este
muchacho que es hijo de un integrante de la banda de rock "Alma y vida", y
mama la música desde chico. "Todos los que hoy formamos la banda, hace
poco estamos". Las formaciones van pasando, los músicos fueron y vinieron
en estos trece años, pero CRISTIAN GORDILLO, el cantautor queda. Siempre
queda. "Él es la banda", confirma el trompetista. Él es el único que
estuvo en los cuatro discos de Chala que están hoy en la calle, él es el
que contesta: "todavía es muy temprano para eso", cuando la gente le corea
"Chala es lo más grande del reggae nacional". Él sigue apostando a la
independencia, aunque cueste más. Ellos son un reggae bien argentino,
que ríe y llora al mismo tiempo, y que se ríe para no llorar, pero también
protesta y resiste, para no morir en el llanto. Ellos se van en su
camión hacia Santa Teresita, donde tocarán por la noche. En la arena,
queda tirado un papel que reza: "Fiesta reencuentro CHALA RASTA, Sábado 17
de abril en Cemento. El ojo del huracán no veía, se ve que no sabía que el
fuego purifica".
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